Tropecé con un ángel al dar vuelta en una esquina. Incorpóreo, atravesó mi cuerpo, pero sentí el golpe en mi alma y lancé un quejido.
(El ángel corría tratando de cazar a un querubín que revoloteaba provocándolo)
La acera estaba casi desierta y por la calle circulaban unos cuantos automóviles.
El ángel cejó de correr y me miró caído en el piso. (¡Qué ojos tan tiernos tenía y qué sorpresa tan grande mostraban!) Extendió el brazo y ayudó a levantarme. Apenado, sacudió mi traje. Tocó mi mejilla, sonrió, me besó y continuó persiguiendo al querubín que fingía esconderse detrás del tronco de un árbol.
Desde entonces, acostumbro caminar a diario en las tardes y a dar vuelta, imprudentemente, en las esquinas.
(El ángel corría tratando de cazar a un querubín que revoloteaba provocándolo)
La acera estaba casi desierta y por la calle circulaban unos cuantos automóviles.
El ángel cejó de correr y me miró caído en el piso. (¡Qué ojos tan tiernos tenía y qué sorpresa tan grande mostraban!) Extendió el brazo y ayudó a levantarme. Apenado, sacudió mi traje. Tocó mi mejilla, sonrió, me besó y continuó persiguiendo al querubín que fingía esconderse detrás del tronco de un árbol.
Desde entonces, acostumbro caminar a diario en las tardes y a dar vuelta, imprudentemente, en las esquinas.
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